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domingo, 10 de junio de 2012

Por qué no podrás experimentar el instante de tu muerte


Una teoría neurocientífica de la muerte: ya que nuestro cerebro tarda en integrar una experiencia consciente vivimos siempre en el pasado, cuando surge la conciencia de la muerte--de ese instante fatal-- ya estamos muertos
¿Tienes un mórbida curiosidad por saber lo que se sentiría recibir un balazo en la cabeza, chocar contra un vidrio a cientos de kmph o simplemente sentir ese último aliento en toda su extensión? Puedes dejar de preguntártelo, puesto que difícilmente lo sabrás, incluso si te sucede a ti.
Por una parte esto se dificulta puesto que el cerebro tarda en procesar una experiencia. Las señales que percibimos e integramos como experiencias tardan en viajar a través del neurocórtex y en ser asimiladas. El neurocientífico David Eagleman señala que estrictamente “siempre estamos viviendo en el pasado”.  Nuestro cerebro tarda entre 150 milisegundos y 300 milisegundos, según Eagleman,en ensamblar una experiencia consciente después de percibir una señal. Esto ocurre porque nuestro cerebro se toma el tiempo de sincronizar todo lo que percibimos, cuando las cosas ocurren a diferentes velocidades y a diferentes distancias (por ejemplo el sonido y la luz viajan a diferente velocidad, algo que cotidianamente podemos percibir en un rayo).
Incluso un accidente automovilístico tarda menos. A los 8.5 ms las bolsas de aire se disparan; a los 15 ms el auto empieza absorber la temperatura del impacto;  a los 70 ms el pasajero ya ha rebotado dentro del auto –el punto en el que los expertos declaran el evento como completo. 
El caso de un disparo de bala es aún más rápido. Aunque existen numerosos casos en los que se ha podido sobrevivir un impacto de bala, cuando éstas atraviesan partes del cerebro sin causar mucho daño debido a su tamaño. Pero aunque la persona sobreviva, la conciencia, al ser un fenómeno delicado que depende de la interacción de señales eléctricas viajando en el cerebro consistentemente, fácilmente se pierde ante el trauma de un impacto.
Así que será difícil que experimentes el veloz instante de la muerte: que sientas ese momento justo en el que mueres, pasará, según esta teoría científica, sin conciencia, un momento no tendrás idea de lo que está por sucederte, seguirás en el pasado, cuando ya habrás dejado de ser. La muerte sería justamente aquello que es inaprehensible, indescriptible, de lo cual no sólo no podemos extraer información, como un agujero negro,  sino durante lo cual tampoco podemos procesar información.
Sin embargo, algunos investigadores plantean versiones alternativas. El físico Gary Hammond sugiere que ocurre “una dilación relativista del tiempo a último minuto que provee ‘una vida después de la muerte’ que en realidad ocurre microsegundos antes de la muerte y que por su enorme dilación temporal parece ocurrir después de la muerte”, dice Hammond. Aunque no escapamos de la idea de que la percepción de la muerte es una ilusión,  la teoría de Hammond al menos provee de una post-experiencia de muerte.
Más radical es  la teoría de Anthony Peake, quien sostiene que a través de la detonación de un neurotransmisor, debido al estrés que sobreviene al morir,  no sólo experimentamos ese instante final, experimentamos todos los momentos de nuestra vida en una especie de holograma:
Sugiero que en lo que llamo Experiencias de Muerte Real, la persona que muere experimenta todas las percepciones reportadas en las clásicas experiencias cercanas a la muerte pero a grandes rasgos. Propongo que su percepción del tiempo se acelera tanto que literalmente se salen del ‘tiempo del reloj’ (el tiempo como es percibido por otros tales como un observador que presencia a un sujeto muriendo) y repentinamente se hallan en una zona atemporal forjada por la mente. Dentro de este estado atemporal entre la vida y la muerte (un estado que desde siempre ha sido reconocido por muchas religiones, llamado el “Bardo” por los budistas tibetanos  y el “Limbo” por los cristianos) se experimenta la ‘revisión panorámica de la vida’, como la llaman los investigadores de las experiencias cercanas de la muerte. Sin embargo, a diferencia de los reportes de experiencias cercanas a la muerte como ‘mi vida destelló ante mis ojos’, yo sugiero que en la experiencia real de la muerte la vida se experimenta ‘en tiempo real’, literalmente revives minuto a minuto toda tu vida. El universo interno en el que esto sucede lo llamo ‘El IMAX Bohmiano’. 

Las plantas tienen memoria, se comunican y sienten, sostiene el investigador Daniel Chamovitz


El investigador Daniel Chamovitz, que lleva varias décadas investigando el desarrollo de las plantas, confirma que su inmovilidad no significa que sean insensibles, antes bien ha descubierto en ellas la capacidad de oler, memorizar y comunicarse, casi a la manera de otros organismos más complejos.
Las plantas, lo sabemos de sobra, están vivas, sin embargo, no es así de común que las asociemos con cualidades como el pensamiento o las sensaciones que, de acuerdo con la fisiología canónica, son capacidades exclusivas de los organismos dotados de un sistema nervioso más o menos avanzado.
Con todo, el investigador Daniel Chamovitz, director del Centro Manna para la Biociencia de las Plantas de la Universidad de Tel Aviv, sostiene que las plantas pueden sentir, ver, percibir olores y quizá también pensar y recordar.
Chamovitz, que lleva desde mediados de los 90 interesado en el desarrollo del mecanismo por medio del cual las plantas sienten la luz. Desde entonces el científico ha realizado varios descubrimientos que contribuyen a una mejor comprensión de la sensibilidad en las plantas, siendo uno de los más importantes un grupo de genes gracias a los cuales una planta distingue si se encuentra en la oscuridad o en un ambiente luminoso.
Pero todavía más sorprendente es que el ser humano y otros animales también poseen estos mismos genes que cumplen una función similar de regular la respuesta a la luz (no de la misma manera que las plantas, sino en nuestro reloj biológico y nuestros ritmos circadianos), además de estar involucrados en otros procesos como el crecimiento axonal de neuronas y el funcionamiento correcto del sistema inmune.
“Esto me llevó a darme cuenta de que la diferencia genética entre plantas y animales no era tan significativa como alguna vez había creído ingenuamente”, declaró Chamovitz en entrevista, agregando además que “solo porque veamos que las plantas no se mueven, no significa que no haya un mundo sumamente rico y dinámico en su interior”.
En cuanto a sensaciones específicas comprobadas en las plantas, Chamovitz no duda en hablar de olfato, oído e incluso comunicación. Pero el investigador nos previene contra calcar nuestra manera de percibir dichas sensaciones para la naturaleza de las plantas. Son capacidades análogas, no idénticas.
El olfato, por ejemplo, se presenta en las plantas también como una reacción a sustancias químicas disueltas en el aire, pero con efectos específicos. Chamovitz señala el caso de la maduración: cuando una fruta madura se encuentra cerca de una que aún no lo está tanto, la maduración de esta se acelera por la liberación de una hormona llamada etileno. En un sentido elemental, se trata de un proceso netamente olfativo.
Chamovitz acepta, por otro lado, que la reacción de las plantas a los sonidos todavía no ha sido confirmada del todo y en cierta forma permanece en lo anecdótico, sobre todo en lo que se refiere al supuesto efecto de la música sobre su desarrollo. Para Chamovitz la capacidad auditiva es quizá una de las menos necesarias entre las plantas: al ser organismos sésiles (enraizados, sujetos al suelo) el oído no tiene la importancia vital que sí tiene en los animales, en quienes sirve para percatarse de una posible amenaza. Con todo, el investigador no descarta que, como vibraciones, las plantas sí puedan estar al tanto de los sonidos en su entorno.
La comunicación entre las plantas también tiene sus formas particulares. Chamovitz nos habla de una situación sumamente elocuente que se da cuando un árbol de maple se ve afectado por una plaga de insectos: como respuesta, el árbol libera una feromona que recogen a su vez los árboles vecinos como si se tratara de una señala de alerta, a partir de la cual empiezan a liberar los químicos necesarios para impedir que la infección se propague. “Esto es definitivamente comunicación”, comenta Chamovitz. Y, como en el caso del ser humano, también puede decirse que entre las plantas la comunicación es un mecanismo de supervivencia.
Chamovitz, sin embargo, va más allá y considera que las plantas también tienen memoria, manifestada en diversos tipos que van de la memoria de corto plazo a la memoria inmune e incluso una memoria transgeneracional. Si la memoria se trata de codificar información, almacenar información y recuperar información, entonces las plantas recuerdan y memorizan.
En cuanto a la capacidad de pensar, el investigador es más cauteloso. En este caso sí cree que para pensar es necesario un cerebro desarrollado y consciente de sí, algo de lo cual toda planta carece y cuya falta las hace no solo incapaces de pensar, sino también de dolor subjetivo.
Se trata, en suma, de una investigación notable por su 

ALDEA AFRICANA SUMINISTRA ENERGÍA PEDALEANDO


En Kayonza, una aldea en Ruanda, la generación de energía no se da a partir de transformadores eléctricos ni de alguna enorme subestación; ésta proviene del pedaleo de sus habitantes.
Debido a lo económico y asequible del proyecto, se pretende llevarse a países como la India. A pesar de que Ruanda es el único país de África que genera electricidad a partir del pedaleo de sus habitantes, es una muy buena opción para los lugares de bajos recursos.
La relación costo-beneficio es muy bien aceptada por los consumidores y por los creadores del proyecto. Tan sólo 1 minuto de constante pedaleo puede generar más de 6 horas de luz.
[BBC]

Científicos recomiendan: apaga la computadora y sal a la naturaleza para aumentar tu creatividad


Estudios científicos muestran que salir al aire libre e interactuar con la naturaleza mejora el humor, la creatividad e incluso la memoria: desconéctate y sal a jugar o a meditar.
No es sorpresa, cada vez más datos confirman que pasar tiempo en la naturaleza tiene una serie de importantes beneficios para la salud: como si fuera una poderosa medicina sin efectos secundarios. Sin embargo cada vez pasamos más tiempo conectados a Internet, en nuestros cubículos hiperurbanizados y si bien esto es parte de nuestra cultura y evolución, tomarse un tiempo para salir al bosque, al desierto o a la playa parece ser de lo más  inteligente que los habitantes de las grandes ciudades podemos hacer.
En Estados Unidos, el país que marca tendencia en adopción de tecnología,  tan solo en 4 años el porcentaje de niños que realizan actividades al aire libre disminuyó en un 15%.
Científicos de la Universidad de Kansas relizaron un examen de creatividad estándar a 60 jóvenes antes y durante una larga caminata en la naturaleza. Los resultados mostraron que hubo un aumento del 50% en los parámetros de creatividad como efecto de la caminata en la naturaleza. Los investigadores creen que el pico de esta creatividad se da a los 3 días  de “desconexión” cuando “el ambiente envolvente empieza a producir todo tipo de efectos sobre el funcionamiento de la mente”.
Un estudio anterior realizado por investigadores de la Universidad de Michigan comparó los efectos de una caminata en un jardín con los de una caminata por las calles de una ciudad. Luego se le hizo a los sujetos un examen psicológico que midió sue stado de ánimo y su memoria a corto plazo. No es ya sorpresa que los que caminaron por un profuso jardín reflejaron un mejor estado de ánimo y una mejor memoria en las pruebas. De hecho sólo ver una imagen  de la naturaleza, a diferencia de una imagen de una ciudad, genera una mejora similar.
El escritor Ralph Waldo Emerson, quien a finales del siglo 19 presenciaba la industrialización, alabó desde entonces los grande beneficios de estar en contacto con la naturaleza. Según Emerson “la naturaleza es el símbolo del espíritu”, es decir la naturaleza comunica lo inefable del espíritu, un  lenguaje integral al que de otra forma difícilmente podríamos acceder, pero que nos conecta con lo más profundo del ser. Como dice Jonah Lehrer en el Wall Street Journal: “Mamá estaba en lo cierto, sal a jugar” y “si pudieramos condensar los efectos de la naturaleza en un pastilla, todos la estaríamos tomando”. Pero tal vez eso es justamente lo que hace tan benéfica a la naturaleza, que no se puede sintetizar, hay que estar ahí — o cultivarla.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Meteorito que extinguió a los dinosaurios pudo sembrar vida fuera de la Tierra


Dando un giro interesante a la conocida teoría de la panspermia, el astrofísico japonés Tetsuya Hara y otros colegas consideran que un asteroide como el que impactó la Tierra causando la extinción de los dinosaurios pudo sembrar vida en otros puntos del Sistema Solar e incluso fuera de este.
El origen de la vida en el universo debe ser el enigma más inquietante tanto para los especialistas como para las personas comunes que, en cierto momento, se han preguntado cómo y por qué de algo aparentemente inerte surgió la complejidad de organismos que han poblado nuestro planeta y muy posiblemente otros.
En un artículo publicado recientemente, Tetsuya Hara, de la Universidad Kyoto Sangyo, y otros colegas aventuran la posibilidad de que la vida se originó en las colisiones que con cierta frecuencia ocurren en el cosmos: como la que extinguió a los grandes saurios de la faz de la Tierra hace 65 millones de años o las que más de 100 que se estrellaron contra la superficie de Marte.
Hara y sus colegas retoman en cierta medida la conocida teoría de la panspermia, según la cual la vida existe de por sí en el universo, distribuyéndose a lo largo y ancho de este por medio de meteoritos, asteroides y planetoides.
La novedad en el planteamiento del astrofísico japonés es que dan la vuelta a la idea de la panspermia y partiendo del hecho que de la Tierra es uno de los pocos lugares con vida comprobada, es muy probable que el meteorito que representó la extinción de los dinosaurios también haya sembrado la vida fuera de nuestro planeta.
De acuerdo con cálculos realizados por los científicos, el asteroide que se impactó en Chicxulub, en el sureste de México, pudo haber arrojado residuos a puntos tan aparentemente remotos como Encélado, la luna de Saturno, y Europa, la jupiterina, el cinturón de Kupier y quizá también algunos planetas extrasolares. Residuos que llevaban consigo agua, rocas y trazas del suelo de la Tierra.
“La probabilidad de que rocas originadas en la Tierra hayan alcanzado sistemas cercanos no es tan pequeña”, escriben Hara y compañía, quienes continúan:
Estimamos la transferencia de velocidad de microorganismo entre los sistemas estelares. Bajo ciertas presunciones, podría estimarse que el origen de la vida comenzó hace 10^10 años atrás en un sistema estelar, según las estimaciones de Joseph y Schild (2010a, b), se pudo propagar por la galaxia en 10^10 años y ciertamente pudo alcanzar la Tierra hace 4.6 mil millones de años (Joseph 2009), lo cual explicaría el origen de la vida en la Tierra.
Así, Hara et al suponen que hubo al menos 25 puntos en que la vida se originó hace 10^10 años, con material biológico dispersándose por la galaxia en el mismo tipo de eventos que produjeron el cráter de Chicxulub.
En cuanto a las críticas que se hacen este planteamiento, algunos ven con recelo que los microorganismos presente en los pedazos de roca del asteroide hayan podido sobrevivir las duras condiciones del espacio exterior y también la duración de la travesía. Si el impacto de Chicxulub ocurrió hace 65 millones de años y alcanzar Gliese 581 —una enana roja en la que al parecer existe el agua y por lo mismo podría albergar vida— tardaría 1 millón de años, entonces la vida habría tenido ya 64 millones de años para reproducirse o extinguirse.
Con información de Centauri Dreams y Cosmonoticias.

Científicos almacenan información en una bacteria reescribiendo su código genético


Bioingenieros de Stanford consiguen reescribir el código genético de la bacteria E.coli con código binario, convirtiendo sus células en dispositivos de almacenamiento con capacidad de 1 bit.
La era de los dispositivos de almacenamiento externos podría, quizá, llegar pronto a su fin, toda vez que investigadores de la Universidad de Stanford consiguieron almacenar información en el código genético de seres vivos.
Pakpoom Subsoontorn, bioingeniero de Stanford, y otros dos colegas, fueron capaces de cambiar la dirección de las moléculas de ADN de la bacteria E.coli, programándola con código binario de 0 y 1, como si de un dispositivo computacional se tratara.
Con esta modificación, los investigadores hicieron que las bacterias brillaran en rojo o en verde bajo luz ultravioleta e incluso que desplegaran mensajes con letras específicas (según se ve en la imagen).
Por ahora las bacterias solo pueden almacenar “archivos” de un bit por cada célula, pero según Subsoontorn y compañía en algún momento será posible que, incrementando el número de recombinación de las enzimas dentro de los datos, la capacidad de almacenamiento aumente a un byte (8 bits) e incluso se pueda reescribir sobre este dispositivo viviente.
El proceso empelado en este desarrollo se conoce como “recombinasa de datos direccionables” (“recombinase addressable data”, RAD), el cual funciona al controlar el monto preciso de enzimas que catalizan una reacción.
En cuanto a las aplicaciones de esta biotecnología, los investigadores consideran que será sumamente útil pata estudiar el cáncer, el envejecimiento, el desarrollo de los organismos e incluso algunos aspectos del entorno ambiental.
[TPM]

Cuba desarrolla vacuna contra el cáncer de pulmón


Investigadores cubano en biotecnología desarrollan con éxito una vacuna que combate el cáncer de pulmón convirtiéndolo en una enfermedad controlable; se espera que la próxima vacuna sea contra el cáncer de próstata.
Luego de haberla probado con resultados favorables en aproximadamente 2,000 pacientes, funcionarios de salubridad del gobierno cubano registraron en Perú una vacuna contra el cáncer de pulmón.
La CIMAVax-EGF, según su nombre médico, genera los anticuerpos necesarios para hacer del cáncer de pulmón una enfermedad crónica controlable y se espera que su desarrollo marque la pauta para aplicarse en otros padecimientos oncológicos. La próxima podría ser una vacuna contra el cáncer de próstata, la cual se presente posiblemente en 2012, de acuerdo con Gisela González, una de las principales involucradas en este proyecto del Centro de Inmunología Molecular de Cuba.
Después de Perú el medicamento también se encuentra en vías de registro en países como Brasil, Argentina y Colombia, y se dice que en el Reino Unido pronto se realizará un ensayo clínico para probar sus efectos.
Este triunfo de las investigaciones biotecnológicas cubanas se suma a un medicamento contra el cáncer de cuello del útero y un recombinante para los problemas cardiovasculares, además de vacunas contra la meningitis B y C, la leptospirosis, la fiebre tifoidea y una vacuna sintética contra la haemophilus influenzae tipo B, la causa principal de la meningitis y otras infecciones infantiles.